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Labios de Trapo

PERVERSIÓN

PERVERSIÓN

"El hecho es que más gente ha sido masacrada en el nombre de la religión que por cualquier otra simple razón. Eso, ESO mis amigos, es verdadera perversión."
Harvey Milk, en una manifestación del Día de Libertad Gay, 1978.

CARTA.

CARTA.

No puedo pretender que ya no me importas. No puedo decir que ya te olvide. No puedo hablar lo que guardo dentro porque el daño me lo haría yo. Te entiendo aunque no lo creas te entiendo, solo que no puedo ver dentro de ti como antes. No puedo nadar en tu cuerpo. No puedo correr en tu mente. Estoy cansado. Aburrido de que no pase nada, de que siempre me toque sufrir a mi, de que yo sea el culpable de todo, de que no pueda mirarte a los ojos, de que no me hables con tu mirada, de que no cantes con tu pensamiento... y que a pesar de todo yo siga siendo el culpable de eso.....
Puedo perder mi vida tratando de salvar la tuya, puedo perder el oxigeno por dártelo a ti, puedo morir lentamente por ver que tú no sufras. Puedo gastar esta vida y la que no tengo tratando de que seas feliz... pero no voy a perder mis ganas de quererte, mi sentir por ti, mi cariño grande a tus ojos, a tu mente libre, a tu cuerpo, a tus sueños de agua, a tu sonrisa de silencio, a tu andar descalzo, a tu querer con palabras, pero sobre todo a tu amistad sincera y a tus valores de persona... que mas que persona fuiste un amiga mas que amiga fuiste un hermana, mas que hermana fuiste un amor, mas que amor fuiste...
la razón de un existir...
Como poder decirte que ya te olvide, que supere tu partida, que lo que sentí por ti murió el día que me dejaste... que me dejaste solo, Que me dejaste infeliz, que me dejaste una amargura en el alma y un sentir en las entrañas que no pasaba con mirar tu foto, que no pasaba con sentir tu olor. Olor que no se quedo a compartir conmigo mi soledad... que soledad si hasta ella me dejo... ya no quedaba nada.. Solo dolor sufrimiento, angustia, penas y pensamientos negros. Vida ya no tengo.......ahora ya me voy ahora que escribí lo ultimo que quería escribirte... me alejo y no quiero tu pena. No quiero tus lagrimas... no quiero que me veas... y no quiero que pienses por ningún motivo que te dejo sola con tu amargura o con tu tristeza... no lo pienses porque yo para ti estaré siempre en cada cosa que hagas allí estaré yo... en cada paso que des te estaré viendo... solo quiero que sepas que a pesar de lo mal que lo pase te ame... te ame como nadie lo hará en el universo... adiós...

EL PASADO.

EL PASADO.

¿Qué me está pasando? Todo lo que hago es recordar aquellos besos cuando sé que jamás podrán repetirse. Mi casa es más grande desde que te perdiste en las sombras largas del atardecer, empapado en lágrimas y desolación. Te aseguro, sin embargo, que no es mejor aquí... No se vivir sin tu calor, tus besos, tu apoyo. Las estrellas, que antaño eran para mí absoluta paz y felicidad se han transformado en un continuo tormento, me abruma estar tan desprotegida ante el mundo, sola ante la inmensidad que veo a mi alrededor.
Bien sé que había llegado un momento en que se trataba de comenzar a vivir de nuevo o mantener una situación sin salida y morir poco a poco en lo que sería una agonizante enfermedad del alma... Pero es tan duro hacer cosas sin querer, dirigirse hacia algo incierto y dejar aquello que tanto tiempo se ha amado y cuidado, sin saber si lo que espera es mejor. Encuentro mi futuro más incierto que nunca, y aun sabiendo que tengo que emerger y recuperar las riendas de mi vida, no puedo evitar las lágrimas melancólicas al mirar al pasado, pues todo me recuerda a ti, estás en todas las caras que veo, oigo tu nombre dondequiera que vaya, porque sigues siendo todo para mi.
Aún pronuncio tu nombre en un lamento fúnebre cada vez que llego a casa, sabiendo que no estás, y la soledad me invade, me hiela los huesos y me trae aromas de la felicidad que en un momento sentí a tu lado.
Los pilares de mi vida se desmoronan poco a poco, desgastados por la acción del tiempo y las continuas tormentas que sufro en mi interior.
Por alguna razón no puedo dejar de soñar tu silueta en la cama cuando las gélidas sábanas me rozan y me atraviesan el alma. Has dejado un espacio irremediablemente vacío que, por más que pasa el tiempo, no soy capaz de llenar... no sé si realmente hay alguna solución a mi tormento irreparable, mi estúpida obsesión, mi punzante desgracia.
Y en momentos de extrema angustia llego a plantearme el dejar de luchar...
¿para qué? Mis ojos desolados distorsionan la realidad, todos mis sentidos me engañan, no puedo siquiera confiar en mi razón, pues mi lamento incontrolable domina cada rincón de mi alma sin darme tregua alguna y haciendo de la vida una continua, tortura que no ha de cesar hasta la muerte.

XXIII

XXIII

No te olvides de cerrar la puerta
cuando te marches para siempre,
y llévate tu maleta llena de perfecciones
para que no se desordenen encima de los papeles.
Será mejor que no des un portazo
para demostrar todo lo que me pierdo
porque ya empieza a molestarme tanto ruido inútil
y todas esas palabras que callas.
Me aburre hasta la náusea la suficiencia que desprendes,
bostezo sin remedio cuando parece que lloras,
y no puedo parar de reír cuando me dices que sufres.
Así que guárdate tu fabulosa forma de actuar
para cuando sea viernes por la noche,
esconde tus pucheros en el cajón de la cocina
y olvídate un rato de mirarte en el espejo;
ya que te cuesta tan poco olvidar lo que te sobra
olvídame un ratito vida mía,
que ya me harté de sonreírle a los tiburones.
Ojalá nunca tengas que llorarle a los relojes,
porque entonces empezarás a comprenderme;
y a día de hoy lo único que quiero
es confundirte totalmente.
Buenas noches.

INEVITABLE FIN

INEVITABLE FIN

Una imagen del ayer,
pasó por mi mente.
Sentimientos que ya no van a volver...
Un lugar, una canción, un sueño perdido
y la esperanza de seguir sin mirar atrás.
Todo lo que allí dejé, allí se quedará.
Es triste recordar.
Saber que lo que más amas se e irá
o tu amor el que poco a poco morirá..
Es tan difícil comprender
que todo tiene un final.
La vida me enseñó a pensar
que todo tiene un final.
Que todo tiene su fin.
Sé que no estarás ahí
por siempre a mi lado
y que algún día perderé
tu amor, tu amistad.
Es un sueño imposible olvidarse de que
todo en la vida terminará.
Cuando ya nada me quede seguiré,
hasta que llegue mi fin...que más da.
Es tan difícil...
Saber que lo que más amas...

AZRAEL

SÓLO SON SUEÑOS.

SÓLO SON SUEÑOS.

Sólo son
tus manos
que arañan
mis nudillos.
Sólo es
la punta de tu nariz
contra mi cara.
Sólo tengo
tus pies
en mis rodillas.
Sólo te hago caer,
en mi bañera
para después levantarte
por el cuello
y llevar tu lengua
hasta mi ombligo.
Sólo son
sueños,
enganchados como
parches al cuello
de una camisa.
Sueños de noches
para vivir contigo
las cosas
que hago sin ti.

TODO LO APRENDI DE MAMA

TODO LO APRENDI DE MAMA

Todo lo que siempre necesité saber, lo aprendí de mi Madre:

Mi madre me enseñó a APRECIAR UN TRABAJO BIEN HECHO:
"Si os vais a matar, hacedlo fuera. Acabo de terminar de limpiar!"

Mi madre me enseño RELIGIÓN:
"Mejor reza para que ésta mancha salga de la alfombra."

Mi madre me enseñó LÓGICA:
"¡¡¡¡Porque yo lo digo, por eso... y punto!!!!"

Mi madre me enseñó PREDICCIONES:
"Asegúrate que estas usando ropa interior limpia y entera, en caso
que tengas un accidente."

Mi madre me enseñó IRONIA:
"Sigue llorando y yo te voy a dar una razón verdadera para que
llores."

Mi madre me enseñó a ser AHORRATIVO
"¡¡¡Guarda las lágrimas para cuando yo muera!!!"

Mi madre me enseñó OSMOSIS:
"¡¡¡¡¡Cierra la boca y come !!!!!"

Mi madre me enseñó CONTORSIONISMO:
"Mira la suciedad que tienes en la nuca, fíjate"

Mi madre me enseñó FUERZA Y VOLUNTAD:
"Te vas a quedar sentado hasta que te comas todo."

Mi madre me enseñó METEOROLOGIA:
"Parece que un huracán paso por tu cuarto."

Mi madre me enseñó HIPOCRESIA:
"¡¡Te he dicho un millon de veces que no seas exagerado!!"

Mi madre me enseñó EL CICLO DE LA VIDA:
"Te traje a este mundo, y te puedo sacar de él."

Mi madre me enseñó MODIFICACIÓN DE PATRONES DEL COMPORTAMIENTO:
"¡¡¡¡¡Deja de actuar como tu padre!!!!!"

Mi madre me enseñó ENVIDIA:
"¡Hay millones de niños menos afortunados en este mundo que no
tienen una mamá tan maravillosa como la tuya!"

Mi madre me enseñó habilidades de VENTRILOQUIA:
"No rezongues, cállate y contestame: ¿Por qué lo hiciste?"

Mi madre me enseñó técnicas de ODONTOLOGIA: "¡¡¡Me vuelves a contestar y te estampo los dientes en la pared!!!"

Mi madre me enseñó RECTITUD
"¡¡¡Te voy a enderezar de un sólo ch&%#!!!"".

GRACIAS MAMÁ

PROFESAN...

PROFESAN...

"Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todo lo demás, en número infinito, a premiarlo o castigarlo".
Jorge Luis Borges escritor argentino

NO ES MI RELOJ

NO ES MI RELOJ

Ten cuidado que es mi corazón
y no mi reloj
lo que tienes en las manos.

DEDICADO

DEDICADO

Y aconteció,
en un punto extraño de la vida
que dos almas que sin saberlo estaban solas
se encontraron.

Y hubo un beso
y un abrazo
y mil historias de amor resumidas en un punto.

Y sus manos se cruzaron
y sucedió lo inevitable

que entre los dos al mirarse comprendieron
que el Tiempo transcurrido
a pesar de mantenerlos alejados
les preparó para estar juntos.

Dedicado a Firewall y Succubus y a Santiago y Ady.

ABOLIR

ABOLIR

"Me atrevo a cambiar la frase de Voltaire para decir que, preferiblemente, si Dios realmente existiera, sería necesario abolirlo".
Mikhail A. Bakunin anarquista ruso

ME ESCONDO EN UN DISFRAZ.

ME ESCONDO EN UN DISFRAZ.

Te tengo en mis manos,
con los ojos puestos en el atardecer,
esperando que se pierda el sol
para poner tus labios
en mi cuello.
Cerrando los ojos
puedo ver tu rostro.
He podido decir todo, pero,
A veces me disfrazo de prudente.

NO

NO

No me
toques, que me quemas
con la punta de tus dedos y
tus uñas me rasgan la piel hasta
sangrar. ¿Acaso no lo ves?
¿o realmente te gusta hacerme sufrir?

NO EXISTE AQUI...

NO EXISTE AQUI...

El amor no existe,
el amor es algo
que nunca existió...
como tu, como yo...

PALABRAS

PALABRAS

Ahogadas
mis palabras
divagan,
sin saber que
han sido hechas
para pedir ayuda
a quien quiera
ayudar.

ME ABURRE

ME ABURRE

Tira de la cuerda y puedes
esconderme en el cajón de la costura,
en un ovillo, hasta que tengas
fuerzas,
ganas de entrelazar los nudos de la cuerda que forma
mi cuerpo otra vez.
Sigue tirando, esta epoca
me aburre.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS.

Alicia: ¿Podrías decirme por favor, qué camino seguir para salir de aquí?
Gato: Depende mucho del punto a donde quieras ir.
Alicia: Me da igual donce...
Gato: Entonces da igual que camino sigas.

Hipótesis del Gato Chesire por Lewis Carrol (Alicia en el Paçis de las Maravillas.)

LA PARADA DEL AUTOBUS.

LA PARADA DEL AUTOBUS.

Estaba sentada, en la parada del autobús, después de una noche de fiesta en casa de Clara, dibujando y pensando que el autobús tardaba demasiado. Una niña y una mujer (que supongo sería su madre) se sentaron a mi lado y la niña comenzó a preguntarme :
_Niña:-¿Qué haces?
_Yo:- Un dibujo (sin muchas ganas de hablar, la resaca me mataba)
_Niña:- ¿Es de la tele?
_Yo:-No.
_Niña:- Yo no lo he visto nunca, ¿Qué es?
_Yo:- Sólo un dibujo, no sale en la tele.
_Niña:- Yo vivo en la calle.
En ese momento yo me quedo sin palabras, y me quedo mirándola, un coche para cerca y hace sonar el claxon, la mujer coge ala niña y sube al coche, que esta lleno de cajas, la niña monta en el asiento de delante con una mujer mayor, y la otra mujer se hace un hueco entre las cajas, el coche arranca y se van. Era un coche gris, muy nuevo.
Yo me quedo en la parada, esperando el autobús y sigo dibujando. Pienso en la niña, y sus ojos enormes. Hoy ha sido un día extraño, supongo que debería dormir.
La mirada de la niña se mantiene en mi cabeza y su ultima frase retumba en mi cerebro.
El autobús aparece y me lleve a ...una casa.

TU MANERA EXTRAÑA DE QUERERME.

TU MANERA EXTRAÑA DE QUERERME.

Es tanta la impotencia
que siento
al hablarte,
mi desesperación al no
hacerte entender
que soy feliz...
y es que tus oídos
están cerrados a
mis palabras,
sólo escuchas un murmullo
que no entiendes
y por eso supones malo,
y es que de tu boca
sólo salen reproches
que machacan mi cabeza
y rodean mi corazón.
Nunca yo tuve tu abrazo,
Y mis pesadillas eran
“cosas de niños”,
y tu esperas que
yo suponga y
de por hecho
que me quieres,
tu ignoras que sólo respondo
a tu abrazo invisible
a tu : “lo bueno
no necesita reconocimiento,
ya esta bien,
sólo lo malo merece palabras”.
Ha sido una bofetada
en el alma,
vuelta a empezar...
He dejado de llorar,
ando despacio
camino del tren,
pienso
me atrae todo lo
que veo,
todo tiene una historia
que yo recojo
en mi carpeta.
Estoy fabricando
un álbum de imágenes
en mi cabeza,
estoy coleccionando
recuerdos,
después, si tu quieres,
cuando empieces a entenderme,
podemos verlo juntas, te enseñare mi felicidad,
delante de un café.

EL REY SKIOLD

EL REY SKIOLD

Las altas tierras del norte, allí donde los inviernos son largos y el sol apenas un destello, estaban azotadas por la desgracia. Sin una mano firme que sostuviera espada ni cetro, el país era pasto del pillaje, en campos yermos y aldeas devastadas por las envidias de los señores locales. En las cercanas islas del Mar Báltico, los guerreros vikingos habían construido sus fortalezas, y desde allí zarpaban sus temibles barcos hacia las costas de Dinamarca. Los saqueos eran constantes. Ante la amenaza de las quillas draconianas, los núcleos costeros se iban despoblando poco a poco y por doquier la gente llana clamaba por un rey que devolviera la paz a su tierra. Pero nadie era capaz de asumir el trono danés.

Un día de primavera, en una playa, un grupo de muchachos jugaba a la guerra. Por supuesto, las armas eran de verdad. En aquellos tiempos, cualquiera podía encontrarlas entre los despojos de las peleas locales. Era una de las pocas aldeas pesqueras que aún quedaban en pie, en parte gracias a que Fendar Wiendlandsen, uno de los señores más fuertes de la comarca, tenía allí sus propiedades y mantenía con grandes sumas a un pequeño, pero bien pertrechado grupo de guerreros para defenderlas.
– Mirad, mirad!! Un barco, se acerca un barco!!
A punto estuvo de perder un ojo el chico que así gritaba, pues la visión le hizo bajar la defensa, y su compañero a duras penas refrenó el mandoble de su espada, consiguiendo en el último momento darle de plano en medio de la cabeza.
– A las rocas, rápido!!, vayamos a las rocas!!
– Prepárate, Knud, te debo un golpe, animal...
– Calla y corre, Goldar, que no nos vean!!
Agazapados en las rocas bajas del acantilado, el grupo de jóvenes miraba fijamente aquel punto que avanzaba desde el mar hacia su playa. Pasaron unos minutos y pudieron distinguir una gran vela roja, hinchada por el viento, cada vez más grande.
– Deberíamos ir a avisar a Fendar...
– Tienes razón, Goldar... tú que eres el más ágil, corre a la aldea y avisa en casa de Fendar. Dile que se acerca un barco... con una vela roja, cuadrada y en la quilla, espera a ver si distingo algo... La quilla parece vikinga!! Corramos todos, ahora sí que hay que avisar rápido!!
Salieron a la desbandada, profiriendo gritos. Si hubieran aguantado un poco en sus puestos de vigía, habrían descubierto algunas características más que hacían de aquella nave un barco bastante especial.

Cuando los muchachos de la playa llegaron a la casa de Fendar, situada en lo más alto del poblado, notaron una extraña agitación a su alrededor. El señor, en medio del patio, ordenaba a gritos a sus soldados y éstos iban de un lado a otro mientras terminaban de pertrecharse. En una cabaña, dos hombres repartían armas a los vecinos.
– Vienen los vikingos!! Los vikingos!! – vociferaban los jóvenes...
– Pues vaya noticia traéis!! - dijo el anciano Roldrik - Más os vale ir a por armas y recibir las órdenes que tengan que daros los soldados. Hace ya rato que han dado la alarma desde la atalaya!!
En un rincón, un hombre gesticulaba a la concurrencia que le rodeaba. Los jóvenes se acercaron a escuchar a Balgrind...
– Es una nave enorme, más grande que todas las que he visto nunca. La cabeza de dragón que la precede tiene la boca enorme y el fuego parece refulgir entre sus fauces. Aún desde la costa, he podido ver los brillantes ojos del monstruo y para mí que se movían como si estuviera vivo y no tallado!! El cuerpo se extiende desde delante hacia atrás por los dos costados del barco y en lugar de escamas, todo aparece cubierto por algo que parecen flores, flores de todas las formas y colores. Y si es el metal de los escudos aquello que refulge al sol, estamos listos, pues por dentro y por fuera, y aún en los extremos más altos de los palos, se ven destellos plateados, como si todo el navío estuviera forrado de espejos...
Los jóvenes ya no escucharon más. Sin esperar ninguna orden, volvieron corriendo hacia la playa, adelantando a muchos otros hombres y mujeres que se dirigían hacia allí. Quien más, quien menos, todos portaban algo con que defenderse: lanzas, hachas, machetes y arpones, sobre todo.
Cuando llegaron a las rocas cercanas a la playa, ya era difícil encontrar un sitio libre.

Llegaron a tiempo para contemplar, atónitos, como el barco se iba deteniendo lentamente. De la cubierta no llegó ni un sólo grito, ni una sola orden de maniobra. En medio del más absoluto silencio, a un tiro de piedra, la nave quedó varada en las aguas poco profundas de la bahía. Como una sacudida, el miedo recorrió los corazones de todos los habitantes de la aldea, que agacharon las cabezas tras sus escondites, y se encomendaron a los dioses.
Todos esperaban de un momento a otro que una horda de vikingos se arrojara al mar desde la borda de aquel barco enorme. Tan cerca de la costa estaba, que ni siquiera iban a necesitar botes para el desembarco. Pasó el tiempo. Se podían contar las olas golpeando los costados de la nave, tal era el silencio que había. Hasta las gaviotas parecían esperar acontecimientos, pues tampoco se oían sus estridentes gritos. Nadie descendía del barco.
Entre las rocas del acantilado lloró un niño, pero enseguida calló. Su madre le amamantó presurosa para enmudecerlo. Los hombres habían asomado las cabezas, y se miraban unos a otros, con un interrogante en los ojos. Porqué no atacaban los marinos vikingos?

Desde los barracones de los pescadores, situados al final del pueblo, se escucharon rumores metálicos. Fendar Wiendlandsen y sus hombres iban tomando posiciones, parapetándose detrás de los cascos de los botes de pesca. Las gentes de los acantilados se tranquilizaron un poco, al notar la presencia de su señor al mando del grupo de milicianos. Los guerreros se desplegaron a lo largo de todo el arco de la bahía. Si los vikingos atacaban, podrían contenerlos y quizá, si no eran muchos, rechazarlos.
Pasó otra tensa hora. El sol se iba ocultando. El agua se coloreaba de tonos rojos y la nave vikinga refulgía. Las gaviotas volvían a sobrevolar la playa, gritando despreocupadas, disputándose en la arena los desechos que la marea iba haciendo llegar.
Si los vikingos no desembarcaban pronto, el barco dejaría de tocar fondo, y quizá se alejaría un poco con la pleamar. Fendar se preguntó entonces si los enemigos no estarían esperando eso mismo, para poner a salvo la nave de sus flechas, después de una maniobra equivocada por parte de su capitán. De talante guerrero y poco dado a calibrar estrategias, el señor tomó rápidamente una decisión:
– Disparad las flechas!!
Desde detrás de los botes se escucharon casi al unísono cien chasquidos y cien flechas surcaron el cielo describiendo un arco hasta caer, la mayor parte de ellas, sobre la cubierta de la silenciosa nave. Se oyó un repiqueteo, el de las puntas de acero clavándose en la madera, pero ni un sólo grito, ni un sólo lamento...
– Lanzad otra andanada!!, rápido!! – volvió a vociferar Fendar...
De nuevo la nube de flechas viajó por el aire para atravesar la vela roja y aguijonear por dentro y por fuera el barco enemigo. De nuevo, el silencio más absoluto fue la única respuesta al ataque.
Enfurecido, Fendar Windlandsen trepó de un salto sobre el casco puesto boca abajo del barco de pesca tras el que se ocultaba. Desde allí, blandiendo una enorme hacha de dos filos por encima de su cabeza, el cabello y las trenzas de los bigotes sacudidas por el viento, profirió un estridente chillido:
– Uaaargh!! Es que ni siquiera vais a defenderos, cobardes!? Ah del barco!! Luchad si sois hombres!! - gritaba impotente...
Las gaviotas volaron despavoridas y una lluvia de plumas blancas revoloteó por encima de los asombrados soldados de la playa.

– Al abordaje!! A por los vikingos!! El tesoro del barco será nuestro!!
Hasta que Fendar no gritó lo del tesoro, sólo él corrió por la playa con el hacha en alto, hacia el mar. Luego sus hombres reaccionaron y, como cangrejos en estampida, avanzaron por la arena a toda velocidad, gritando desaforados, con los escudos en alto, sobre las cabezas, pensando que las flechas enemigas llegarían de un momento a otro...
Pero no fue así y en la rompiente de las olas se detuvieron todos.
El rumor del mar sonaba casi tan fuerte como la respiración entrecortada de los guerreros. Allí estaban todos, mirando la silueta del barco fantasma, balanceado por las corrientes marinas, en silencio.
Era una burla?Acaso probaban una nueva táctica de batalla? Fendar se había quitado el casco y se rascaba con las guardas de una espada corta que sujetaba con la izquierda, los cabellos rubios, sin entender nada. Uno de los hombres más viejos dijo entonces, con voz cascada:
– Es la peste. La peste negra navega en ese barco vikingo...
Dicho lo cual, escupió por el hueco de una muela un enorme esputo que se meció en la resaca de una ola y desapareció entre la espuma. El viejo dio media vuelta y regresó arrastrando los pies hacia el poblado. Tras él, varios soldados más hicieron ademán de retirarse, hasta que la astucia del amo encontró la fórmula para detenerlos.

– Dónde vais, cobardes, gaviotas de culo pelado!? – el vozarrón de Fendar Wiendlandsen tronó por encima de todos los demás sonidos de la playa.
- Hemos sobrevivido a dos ataques, uno de vikingos y otro de rebeldes. Hemos sofocado un incendio, hemos construido un dique para defendernos del mar. Nuestras casas siguen en pie mientras a nuestro alrededor Dinamarca entera se desmorona. Y ahora vais a huir malaconsejados por las palabras de un viejo desdentado y cobarde!? Ahora vais a abandonar un barco cargado de riquezas, con las que viviríamos tranquilos el resto de nuestros días!?
Los guerreros miraban al suelo sin atreverse a levantar las cabezas cubiertas con abollados cascos. Algunos de los hombres del pueblo habían abandonado sus refugios en las rocas del acantilado y se acercaban para escuchar a su Señor.
– Un hombre no es hombre si huye al escuchar el nombre de una mujer. Y la peste es una mujer!! Una asquerosa mujer con cara de calavera, que se ceba en los más débiles!! Acaso le tenéis miedo!? Yo, Fendar Wiendlandsen, no le temo. No temo a nadie ni a nada. Sólo temo morir antes de conquistar el tesoro que me espera en ese barco brillante que hay allí. Si queda algún hombre entre vosotros, que me siga!! Al abordaje!! Al abordaje!!
Saltando por encima de las olas, Fendar parecía el mismísimo Dios del Mar que había cambiado su tridente por una descomunal hacha de doble filo. Los vecinos del pueblo fueron los primeros en reaccionar y, entre ellos, en cabeza, avanzaba el grupo de muchachos que había divisado el barco hacía unas horas. Los hombres de armas, bien azuzados por el orgullo, bien por la codicia, se unieron enseguida al grupo de asaltantes. Los últimos metros los tuvieron que hacer a nado, sin tocar pie. Para los más jóvenes aquello fue una dura experiencia: las pesadas espadas de hierro tiraban de ellos hacia el fondo y dificultaban las brazadas, pero no podían soltarlas, a riesgo de tener que enfrentarse desarmados contra los pálidos fantasmas de los marineros, tal como se los imaginaban. Y si dificultosa fue la última etapa del abordaje, más lo fue trepar por los costados del barco. Al no poder hacer pie, no conseguían lanzar los ganchos con las cuerdas. Los más ágiles, después de varios intentos, lograron alcanzar el castillo de proa, aprovechando las escamas talladas del dragón de la quilla. Desde allí, lanzaron cabos al resto de los hombres y pronto todos estuvieron en cubierta.

No parecía aquello un contingente de aguerridos luchadores conquistando el botín. Se habían quedado quietos, agazapados tras las espaldas de malla de Fendar, y cuchicheaban entre ellos. Habían esperado encontrar una colección de esqueletos y carne humana putrefacta, jirones nauseabundos picoteados por gaviotas y taladrados por gusanos. Pensaban que les iban a recibir los lamentos desesperados de unos marinos moribundos, y se habían hecho a la idea de ir matándolos uno por uno, por compasión más que por odio, pues a todos los hombres del mar les une la incógnita de su destino. Pero allí no había nada, ni nadie. El barco se balanceaba sin cesar, sonaban los crujidos de las cuadernas, el viento removía las velas, las cuerdas golpeaban sobre los palos, todos los sonidos familiares de los barcos, todos, menos la voz alegre de los marineros. El pelotón de visitantes, pues ya no parecían asaltantes, fue poco a poco andando hacia el centro de la cubierta. Junto al palo mayor, en el suelo, se distinguía un conjunto de piezas de metal brillante colocadas en círculo. Entre los hombres comenzó a correr un rumor. Los cuchicheos llegaron a oídos de Fendar:
– Magia, magia negra
Esta vez, el caudillo no supo que decir. En lo más profundo de su interior creía lo mismo que sus hombres, y sólo la necesidad de permanecer firme ante ellos para no perder su autoridad le contuvo a duras penas, pues deseaba salir corriendo de ese lugar y lanzarse de cabeza al mar.
– Son escudos!! – gritó uno de los muchachos que se había acercado lo suficiente. Enseguida, despertado por la exclamación, el bebé que dormía plácidamente al pie del mástil, rodeado de un círculo de pulidos escudos protectores, acostado sobre un lecho de trigo dorado, se echó a llorar...

Bajo los escudos, encontraron muchas más riquezas de las que habían imaginado. Con ellas cargaron siete botes que fueron y vinieron siete veces hasta amarrarlos de nuevo. En el último de ellos, en el viaje número siete, iba Fendar mirando a la mujer que se había ocupado de recoger al niño del barco para llevarlo al pueblo. Sabía que aquello era cosa de los dioses. Sabía lo que le esperaba a continuación. Tendría que reunir en su propia casa a los señores de las aldeas vecinas y explicarles lo ocurrido. Luego nombrarían una comitiva para ir con el niño hasta la capital. En el viejo castillo del rey se reunirían con los más nobles y con los más sabios. Y luego, creía Fendar, nombrarían rey a aquél niño venido por el mar desde el país de los dioses. Porque esa era su divina voluntad.

LA LEYENDA
No se equivocó Fendar Wiendlandsen. Todo sucedió como él había imaginado. Los daneses confiaron en la voluntad de sus dioses que habían enviado a uno de los suyos para que reinara en el país. Y le dieron el nombre de Skiold, Escudo, pues en medio de los escudos se había manifestado. Y Skiold se convirtió en un hombre más fuerte y más grande que los demás. Sus hazañas fueron contadas en todos los rincones de Dinamarca y todos supieron que había vencido a un oso. Todos se enteraron de que se había enfrentado en combate singular contra el rey de Noruega y lo había vencido, obteniendo así la mano de su hija, trayendo la paz y la prosperidad para los suyos. Muchos daneses acudieron a la costa a despedirlo cuando, muchos años después, Skiold murió. Su deseo fue partir en el mismo barco en el que lo encontraron, recostado en cubierta, bajo el mástil y las velas rojas, soñando, navegando hacia las desconocidas tierras del más allá de donde antaño vino.